El 1890 el Diario Mercantil definía perfectamente el cuadro que nos ocupa: “Una figura tendida en el pavimento con heridas sangrantes”. Así lo pintó Rusiñol aquel mismo año en una tela que compró en Montmartre según la inscripción al dorso: “ Colours fines. Toiles à tableaux. Pignel Dupont. 17, rue Lepic. Montmartre. Paris”. Si comparamos la imagen del cuadro que pintó Rusiñol con la que nos dejó el fotógrafo Serra cuarenta años después podremos jugar a las diferencias como lo hacemos en el el periódico, aunque aquí nos costará encontrar las siete habituales. Hay sólo tres. La más evidente es la figura del hombre muerto que ha estado tapada. Sentada en el antepecho del ventanal es ha incluido una mujer y delante suyo una silla convirtiendo un almacén siniestro en el porche de una casa menestral. Curiosamente, la puerta de madera ha sido también manipulada y ya no está formada por barrotes y detrás una contrapuerta que ha sido eliminada y sólo se ven las lamas de la madera posiblemente con la idea de relajar el dramatismo de la escena. De hecho, esta puerta medio abierta funciona en la composición insinuando la salida del asesino. Al fondo, arde un fuego entre los troncos y en primer termino se ven unos escombros, quizás alguna piedra ha servido para matar al hombre. Rusiñol pinta este cuadro en Paris o Manlleu, no lo sabemos, pero si sabemos que detrás del escorzo del asesinado tendido en el suelo está el recuerdo de la pintura de Manet que Rusiñol conoció de cerca, especialmente el Torero muerto que pintó veinticinco años antes.

 

¿Por qué el cuadro que pintó Rusiñol fue transformado cambiando el tema?. Posiblemente para hacerlo más comercial. El tema no es de lo más agradable para colgar en el salón de una casa y algún desaprensivo quiso mejorarlo, cambiando aspectos sustanciales del relato. No conozco quien lo manipuló pero si sé que el cuadro fue vendido dos veces con las dos versiones porqué pasó por nuestras manos. A principios de los ochenta lo vendimos a a un amigo doctor tal como lo habíamos adquirido, es decir, con la mujer y la silla. Veinte años después el cuadro nos retornó y mientras se limpiaba,- los barnices lo habían dejado amarillo-, surgió el muerto. Entonces nuestra restauradora nos explicó que aquel era su estado original y que la mujer y la silla habían estado añadidas. Consultamos con el padre Laplana, reconocido experto en Rusiñol, y confirmó el hallazgo. El cuadro cuelga ahora en el salón de un apartamento del Paseo de Gracia tal como Rusiñol lo pintó y a sus propietarios, que fueron debidamente informados de esta historia, no les importa admirar la escena del asesinato redescubierto.