El mercado del arte. Anticuarios y subastas (Conferencia)

Museo Arqueológico Nacional
Madrid, 1 de diciembre de 2004

La imagen del anticuario se construye a través de su trayectoria profesional y viene marcada por sus antigüedades y la manera como las trata. Los establecimientos y las ferias son los grandes escaparates de su actividad y los que definen su labor. En los últimos tiempos estos dos ámbitos de actuación se han deteriorado como espacios fructíferos para el anticuario, él cual ha visto como cada vez le cuesta más atraer sus clientes a su establecimiento y singularizar su presencia en las ferias. Este diagnóstico del marco en el que trabaja el anticuario no es de hoy sino que arranca hacia finales de los ochenta cuándo la especulación que vivía el arte contemporáneo condenaba al anticuariado hacía un ostracismo que las décadas siguientes no sólo no han superado sino que han agravado.

Quisiera, pues, centrar mi intervención en dos modelos alternativos a esta realidad que pusimos en marcha hacía 1989 desde una perspectiva propia y una colectiva, modelos que han contribuido a cambiar la dinámica inmovilista en la que se suele mover el anticuario español:

Modelo de galería anticuaria.

Viendo la dificultad  de atraer al coleccionismo tradicional y promover uno de nuevo coleccionismo desde los establecimientos de siempre, optamos por crear un nuevo formato de galería, singular en nuestro país. Se trata de un modelo de galería anticuaria de dimensiones reducidas que con una programación de seis a ocho exposiciones anuales dirigidas al coleccionismo público y privado. De cada muestra se edita un catálogo como memoria de su actividad estudiado por los mejores expertos en cada materia.  Exposiciones monografías dedicadas a la recuperación de la obra de arte y de ciertas disciplinas propias del anticuariado tradicional: pintura, dibujo, cerámica, vidrio, artes decorativas, grabado, etc, tienen cabida en esta galería que cumple una doble función: promueve el coleccionismo con un objetivo comercial pero desarrolla su propuesta desde una vocación cultural. Por tanto, en este modelo se define el anticuario como un profesional de la cultura y no como el simple mercader de cosas antiguas.

Esta idea de galería anticuaria arrancó en …con Daedalus en el Consejo de Ciento de Barcelona y con un decalogo profesional que todo y los años transcurridos aún defiendo al cien por cien:

Formato que en…. trasladé a mi establecimiento. El vagaje de los   años transcurridos y sus más de doscientas exposiciones avalan este proyecto que nace de mi vocación como coleccionista

Modelo de feria de antigüedades.

Un grupo de profesionales del arte fundamos en 1989 el grupo APROARTE como una plataforma alternativa al modelo de ferias tradicionales. Se presentaba una propuesta en transversal que agrupaba obras del arte antiguo y contemporáneo, seleccionadas y bien presentadas. Aunque no se ha reconocido nunca públicamente, la apuesta de APROARTE fue importante en la modernización de la imagen del anticuariado en España. Y no sólo por la presentación de la obras sino también por su búsqueda de complicidad con el mundo de la cultura y el mecenazgo. Por poner un ejemplo indiscutible de la aportación de APROARTE sólo hay que ver la introducción por primera vez de exposiciones monograficas procedentes del coleccionismo en el marco de sus presentaciones publicas, como la presencia de la colección Godia por primera vez en Madrid, iniciativa que fue seguida desde entonces por otros certámenes. Es posible que alguno de uds. se pregunte: ¿ cómo es que APROARTE desapareció si tan bien lo hacía?. La respuesta está en que cumplió su papel en un momento concreto, de urgencia de necesidades sectoriales y de bonanza económica, y sirvió de revulsivo para el sector. Hoy probablemente no tendría sentido tal como lo tuvo entonces. Necesitaríamos repensar nuevamente un nuevo modelo que activase nuestro sector, consensuar un ideario profesional que debería aglutinar a las federaciones y gremios y que iría de la formación del anticuario, a través de un colegio profesional (como ya tienen otros sectores cercanos como los joyeros) hasta un nuevo marco profesional que definiría y singularizaría al anticuario ante otras propuestas más o menos vinculadas al comercio del arte.

Para acabar quisiera proponer una reflexión para el debate: en mi opinión, el anticuario español sólo podrá sobrevivir en el futuro si adapta su actividad al mundo de hoy. Posiblemente su máximo defecto es que viene desarrollando su trabajo aislado, como lo hacía treinta años atrás y entre tanto el mundo ha cambiado mucho y , como consecuencia, nuestro mundo también se ha transformado. Ante la gran cantidad de oferta (pensemos sólo en las ferias y exposiciones que hay hoy en cada pueblo de España o en los lotes que ofrecen las subastas cada mes en Madrid) y la poca demanda, el anticuario sólo puede ofrecer calidad y especialización, es decir, selección y rigor.

Arturo Ramon

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