Tras las huellas de Giovanni Bellini

Tras las huellas de Giovanni Bellini

 

El pasado mes de enero, en una cena en casa de unos coleccionistas en Nueva York le oí comentar a un conservador de la Frick, de cuyo nombre no logro acordarme, que recientes estudios científicos habían descubierto huellas dactilares en una de las joyas de la colección: el san Francisco en el desierto de Giovanni Bellini, 1480. Mientras el conservador disertaba como si estuviese en una conferencia, yo no dejaba de recordar el cuadro que había visto horas antes. Pocas pinturas tienen un impacto semejante al de este Bellini que podríamos definir de realismo mágico si es que el término vale más allá de la literatura. Es una compenetración excelente entre naturaleza y espiritualidad. Aparece san Francisco casi en medio de la composición en un entorno mineral y vegetal en un receso de su trabajo. A su derecha, un estudio improvisado con un pupitre en madera rematado por una calavera, el bastón apoyado y las sandalias en el suelo que explican la espontaneidad del momento. El fondo es un paisaje descriptivo en tres planos: el primero con un burro y un faisán en un prado, el segundo lo forma un pastor y su rebaño y el tercero la arquitectura ocre de un pueblo idealizado. Al fondo, el cielo veneciano en lapislázuli.  Animales, pájaros, plantas y calaveras pueblan la tabla con detalles preciosos como el de la fuente de cuyo chorro bebe un pájaro.

El equipo de restauración del Metropolitan ha estudiado en esta obra la manera de pintar de Bellini y aunque se ha descubierto el plan preconcebido del artista a través del dibujo subyacente hay algunos fragmentos que permiten conocer los cambios que introduce a última hora. Bellini es una figura clave para entender el paso del uso de la tempera al óleo en la Venecia de finales del XV: las huellas de sus dedos, muy legibles encima del pastor, comprobando que la nueva técnica usada, el óleo, se fijaba bien en la preparación de yeso. Gracias a las dudas de Bellini podemos reconstruir uno de los primeros dnis de la historia de la pintura como si estuviésemos delante de un caso para el CSI. Si en un escenario de ciencia ficción dispusiésemos de un banco histórico de datos dactilares y si en cada cuadro encontrásemos la huella de nada servirían los historiadores del arte y los conneisseurs y sus lecturas intuitivas basadas en asociaciones visuales. Una exposición que se acaba de clausurar en la Frick  da a conocer el proceso (In a New Light: Bellini St. Francios in a Desert, The Frick collection).

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