Breviario: Guerau de Liost

14 septiembre, 2020, por Artur Ramon

miradorarts.com

Recorro algunas librerías y pido por obras de Guerau de Liost, Jaume Bofill i Mates (Olot, 1878-Barcelona, 1933). Me miran con cara bovina como si fuera alienígena.

Contrasta este olvido con el homenaje que le hemos hecho los amigos de Viladrau este verano. En cada excursión por el Montseny nos deteníamos ante algunas de las imágenes que glosó y lo leíamos e íbamos descubriendo su cartografía poética, que alterna el zoom con el gran angular. Observábamos como canta el trozo de uña de una dama o habla de las montañas, desplegando una iconografía propia donde los árboles se convierten pináculos góticos y las alojas sirenas surgidas de las fuentes.

De tanto leerlo obsesivamente, descubrimos que detrás del cliché de artista monotemático, había mucho más de lo que pensábamos. La Muntanya d’Ametistes no es sólo un monumento a su patria –el Montseny–, sino que sus últimos poemas muestran una sensibilidad a las corrientes surrealistas del momento –Éluard especialmente–, y una pulsión erótica extraordinaria. Encorsetado por la moral de su tiempo y su posición social, esta sensualidad no la podía expresar libremente (¡qué poemas nos hubiera dejado!); pero si leemos entre líneas, muy atentamente, encontraremos este deseo en sus versos.

Como una perla entre mil conchas, en La Muntanya d’Ametistes encontramos: «Davalla fins a l’antre de l’ignorat coval/i aspecta la cruenta labor del malefici/ i, trepitjant la víctima tombada en sacrifici/ sospesa les entranyes amb fruïció letal». Es una fuerza escondida, casi encriptada, que se encuentra tanto cuando describe a una molinera delicadamente tratada como una dama medieval, como cuando envidia a los hombres que llegan de Barcelona y se van con sus mujeres a casa en un preludio del amor («i jo sé que al refrec de la sina endevina l’espurna/que l’incendi promet la joia nocturna»). El poeta, viudo, se añora.

A diferencia de lo que pensaba Gabriel Ferrater –quien mejor lo leyó–, Jaume Bofill no es un poeta marginal a la sombra de Carner, no, sino que es uno de los grandes escritores catalanes alrededor de 1900 que desarrolla sus versos como un calidoscopio singular. Hoy pocos lo recordamos, los niños no lo leen en la escuela y algunos libreros no saben ni quién es. No me extraña, viviendo en este mundo de memoria frágil y curiosidad muerta.

 

A CM.

 

Imagen: La Muntanya d’Ametistes (1908).

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