Cuatro caravaggistas: Bassetti, Borgianni, Caracciolo y Ribera

27 noviembre 2017 - 28 febrero 2018

Hay algo de epifanía en la inauguración de un nuevo espacio para el arte. Es decir, algo de aparición o revelación, cuando se trata de dar forma física a una expectativa.

La exposición inaugural de nuestra nueva galería abarca una pintura y una época que amamos especialmente, el caravaggismo, corriente dentro del Barroco que designa a los artistas tocados por la sombra densa de Michelangelo Merisi, Caravaggio. Descubrí la obra del maestro en mis jóvenes años romanos de la mano de mi tío, Anton Picas, visitando sus cuadros en iglesias y museos. Tiempo después, supe que José Milicua conoció a Roberto Longhi en la muestra de Caravaggio celebrada en Milán en 1951; la figura del artista se hallaba siempre presente en las añoradas conversaciones en su casa de la Ronda de San Pedro barcelonesa, muy cerca de aquí. En 2005, se me presentó la gran oportunidad de escribir la ficha del San Jerónimo de Montserrat, y en 2014, gracias al padre Laplana, le dediqué una monografía. Nunca olvidaré las conversaciones que tuve sobre Caravaggio con Mina Gregori. Finalmente, en junio de 2017, coordiné el seminario sobre ese cuadro en la abadía de Montserrat, que contó con especialistas italianos de la talla de Rossella Vodret, Silvia Danesi Squarzina y Gianni Papi. A mitad de camino de mi vida, la luz del Merisi no ha dejado nunca de iluminarme.

Caravaggio logró cambiar el paradigma de la pintura de su tiempo, rompió el espejo en el que se miraba la realidad, que dejó de ser idealizada para mostrarse cada vez más real —valga la redundancia—, cruda como la misma vida que él conoció a lo largo de su biografía de fugitivo. Únicamente Picasso, ya en el siglo xx, consiguió algo igual: explicar por sí solo una época. No obstante, y a diferencia del genio malagueño, el Merisi dejó una legión de artistas, del norte al sur de Europa, que se identificaron con su lenguaje, no como simples copistas sino más bien como intérpretes de su música pict entrado el siglo XX cuando algunos estudiosos lo rescataron de la oscuridad No fue hastaiosinterpretes de su mo el san Agustrisórica, continuadores de su legado. Entre todos ellos, sobresalió José de Ribera, lo Spagnoletto, un español de Xàtiva nacionalizado napolitano. Paradójicamente, la fortuna crítica de Caravaggio quedó sepultada durante dos siglos. Su estrella decayó a finales del xvii, empujada por los vientos del clasicismo de los Carracci. No fue hasta entrado el siglo xx cuando algunos estudiosos lo rescataron de la oscuridad, y en 1951 Roberto Longhi lo rehabilitó para siempre con la muestra ya citada en Milán. Desde entonces hasta hoy han pasado sesenta y seis años, y la fama de Caravaggio no ha dejado de crecer: se ha convertido en uno de los grandes astros del reducido firmamento de los maestros antiguos, que atrae una descomunal atención historiográfica, libros y exposiciones. Pocos artistas han logrado resurgir de sus cenizas, del olvido del tiempo, con tanta fuerza, como el ave fénix; pero todo lo que envuelve a Caravaggio siempre es exagerado.

Presentamos la muestra Cuatro caravaggistas: Bassetti, Borgianni, Caracciolo y Ribera, que inaugura nuestra nueva sede, en el corazón del Ensanche barcelonés. Para la ocasión hemos reunido un conjunto de lienzos, especialmente de ámbito napolitano, encabezados por José de Ribera y Giovanni Battista Caracciolo, llamado Battistello, de los que presentamos, respectivamente, un San Juan Bautista y un Filósofo, y una Santa Bárbara, respectivamente. A este núcleo se unen el imponente San Agustín de Marcantonio Bassetti y la poética Anunciación de Borgianni, obras que han sido estudiadas en este catálogo por Gianni Papi. Gran especialista en la materia, Papi no solo ha investigado a estos artistas y les ha dedicado algunas monografías y exposiciones, sino que, en el caso de Ribera, consiguió cambiar la historiografía reconociendo sus primeros pasos, antes ocultos bajo el nombre de Maestro del Juicio de Salomón. La muestra monográfica El joven Ribera del Museo del Prado (2011) dio fe de ello. Es un honor contar con la colaboración de Gianni Papi, caravaggista y amigo.

El visitante encontrará una coherencia de estilo en el conjunto, pinturas de notable calidad que comparten un mismo clima, parafraseando a Longhi. Así, la magnífica Anunciación de Borgianni, un inédito, bebe de las fuentes del San Agustín de Bassetti, que conoció en sus años romanos. Ambos cuadros no solo comparten un mismo enfoque compositivo y una pincelada suelta, breve y nerviosa, sino que fueron pintados en el mismo período, poco antes de 1620. De la década de los treinta destacan los dos cuadros de Ribera, así como la Santa Bárbara de Caracciolo, excelentes intérpretes del lenguaje caravaggista.

Empezamos, pues, una nueva etapa, en un espacio privado donde se tratará básicamente con pintura y dibujos de alta calidad. Se trata de fomentar un coleccionismo privado y público culto, de recuperar así lo mejor de la tradición del anticuario como connoisseur y transmisor de conocimiento y gusto visual. Un espacio alejado asimismo del ruido de las modas, del dogma de lo último, que tanto banaliza nuestro tiempo.

Artur Ramon

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