EL ARTE DEL VACÍO

Ceramistas contemporáneos

15 septiembre 2020 - 27 noviembre 2020

Josep Llorens Artigas, Corrie Bain, Carme Balada,
Barbaformosa, Maria Bofill, Ruth Cepedano, Claudi Casanovas,
Carme Collell, Roger Coll, Rosa Cortiella, Mia Llauder, Dameon
Lynn, Madola, Jordi Marcet i Rosa Vila-Abadal, Nuri Negre,
Caterina Roma, Joan Serra, Penélope Vallejo

 

La galería Artur Ramon presenta, con la exposición El arte del vacío, un recorrido cronológico por la obra de los ceramistas más destacados de las últimas décadas, comenzando por Josep Llorens Artigas, padre de la cerámica catalana contemporánea.

En estas obras, los artistas presentan su particular definición del concepto de vacío, de la relación del material, la arcilla, con el espacio que contiene o que la rodea.
Y es que, de hecho, ese vacío es un compañero silencioso de la cerámica a lo largo de su historia, que es también la historia de la humanidad. Como escribía Lao Tse en su tratado taoísta, en el s. VI a. C.: «El bol está hecho de barro vacío, y gracias a esa nada cumple su función […] Así, lo que existe sirve para ser poseído, y lo que no es, para cumplir su función.»

Así pues, abrazando esa nada la cerámica posibilitó, hasta la llegada del plástico, hace cuatro días, el desarrollo tecnológico y social de la humanidad. La creación de los límites del vacío, el recipiente, supuso una verdadera revolución, ya que permitía transportar, almacenar y cocinar los alimentos.

Pero lo que comenzó en el Neolítico como un salto de gigante en la calidad de vida y las posibilidades de desarrollo social siguió evolucionando a lo largo de los siglos, refinándose y adaptándose al gusto estético y las necesidades de una sociedad cada vez más sofisticada. Si bien en el antiguo Egipto ya se empleaban jarros con finalidades decorativas, fue en la antigua Grecia donde el recipiente cerámico se convirtió en un objeto de infinitas posibilidades narrativas y simbólicas: nacía la cerámica, a caballo entre la utilidad y el objet d’art, emblema del poder de les elites. Existía una forma normativa para cada uso, y la aplicación de elementos decorativos permitía desarrollar temáticas históricas, bélicas, religiosas, etcétera. Así, el recipiente de cerámica pasaba a ser una pieza artística de primer orden.

A partir de entonces, y a lo largo de los siglos, la cerámica ha sido siempre un elemento cotidiano y utilitario; solo algunas veces ha recibido la consideración de obra de arte. De hecho, cuanto más refinada era la cultura, más importancia tenía el objeto de barro cocido: invertir en objetos frágiles era también una manera de demostrar poder y riqueza.

Se ha dicho que en el Imperio Ruso de Nicolás I (1796-1855) el jarrón era el regalo diplomático por excelencia. Probablemente fue la primera vez que en Occidente la cerámica se equiparaba a las disciplinas tradicionalmente consideradas artes mayores.

En nuestra sociedad, cada vez más conceptual y rica en metáforas, la cerámica ha evolucionado inevitablemente siguiendo el mismo camino. La generación más joven de artistas cerámicos emplea la arcilla como un material con posibilidades también escultóricas, más allá del elemento puramente funcional, y con una conexión inequívoca con la cerámica oriental. Por su larguísima tradición de cerámica y porcelana, China y Japón son hoy referentes ineludibles.

Sin embargo, la cerámica no se desprende totalmente del legado del jarro, de la forma de contenedor: lo reinterpreta con nuevos materiales y opciones creativas, dándole un sitio en nuestra sociedad. Recipientes inusuales, formas insólitas y preciosistas juegan —ahora sí, abiertamente— con el vacío, con la nada. Lejos del horror vacui de otras épocas, la nuestra es una sociedad donde el vacío, la sombra, el espacio, han recuperado su sentido en el imaginario colectivo, y las piezas que presentamos nos permiten reflexionar sobre ese juego filosófico.

En el recorrido de la muestra se incluyen cuatro generaciones de artistas que han explorado la cerámica como principal medio de expresión. Si bien su obra no responde necesariamente al canon estético de una época, sí nos permite ver de qué manera ha ido evolucionando la cerámica desde el momento en que se desprendió del legado exclusivo de la tradición. Artistas que empezaron en busca de nuevos caminos de expresión a través del barro, hacia la modernización de la cerámica, con nuevas prácticas y una mirada contemporánea, exponen su obra al lado de las generaciones más jóvenes, herederas de ese legado, y que al mismo tiempo siguen su propio camino de indagación artística: influencias, inspiraciones y reverberaciones que resuenan en la plenitud del vacío.