Las galerías españolas brillan en Maastricht

Expansión | Sábado 24 marzo 2018

VENTAS El barroco y los grandes maestros, protagonistas en un entorno en el que los inversores apuestan por lo seguro.

Rafael Mateu de Ros.

Apenas cerradas las puertas de TEFAF Maastricht, ya se empieza a preparar la 32ª edición que tendrá lugar del 16 al 24 de marzo de 2019, con la colaboración y patrocinio principal de AXA Art. La comunidad de arte –marchantes, coleccionistas, museos, compradores y amantes del arte de cualquier lugar del mundo– creada en torno a esta fundación sin ánimo de lucro permanece. Los estándares de calidad de la feria siguen siendo incomparables y su apuesta por la transparencia también. Un índice de ese éxito es el número, el importante, y la significación
de las ventas ejecutadas, pero también que se informe del resultado de las mismas. El mercado global está cambiando. Los coleccionistas de hoy en día han crecido en un entorno reacio al riesgo y, por ello, la transparencia es un factor clave para inculcarles la confianza necesaria para coleccionar arte.

Gran éxito del arte barroco nacional

Citemos en primer lugar a Caylus, la gran galería especializada en pintura española desde el gótico hasta el siglo XIX, que ha vendido, entre otras obras, un magnifico Santiago el Menor del estudio del Greco, el Cristo de marfil (c. 1580) de Giovanni Gualterius, un conjunto de cuatro tablas hispano-flamencas del XV y el busto de Cristo de terracota policromada del sevillano Gaspar Nuñez Delgado (c. 1600). Desde la exposición The sacred made real en la National Gallery de Londres en 2009/10, la imaginería barroca española –cuanto más naturalista y cruenta mejor– encuentra un eco importante en el mercado internacional. La galería acredita con precisión la provenance de las obras, una de los atributos característicos de TEFAF Maastricht como nos recordó su director general Nanne Dekking.

Colnaghi, la galería hispano-británica, ha hecho una gran feria con ventas de pintura española (Murillo y Morales) pintura internacional (Valentin de Boulogne y Giordano) y arqueología clásica. De imaginería española del XVII, se vendió un relieve enmarcado de la Virgen de la Soledad, en terracota policromada, obra de Luisa Roldán y un Niño Jesús, de Martínez Montañés, destinado a una fundación europea. El busto romano de una mujer perteneciente a la dinastía Julio Claudia, datado entre el 27 a.C. y 68 d.C. , fue vendido por 700.000 euros. En pintura barroca internacional, se vendió una de las obras más sobresalientes de la feria, el Juan Bautista de Valentín, el gran caravaggista al que el Metropolitan dedicó una exposición monográfica en 2016. Un San Juan que difiere del modelo tradicional de adolescente y es, probablemente, un autorretrato del artista. Otro lienzo destacado ha sido el Apolo y Marsias, de Luca Giordano, que se vendió por casi un millón de euros a un coleccionista privado europeo. De pintores españoles se han vendido la Dolorosa de Murillo –por “una suma de siete cifras”–, la tabla de Luis de Morales Cristo, varón de dolores y un San Onofre de Ribera. En total, la galería ha vendido obras a personas de seis nacionalidades distintas y ha conseguido varios nuevos clientes particulares, por debajo de 50 años, que están desarrollando colecciones importantes de arte clásico. Con motivo de la feria, los jóvenes galeristas españoles organizaron una cena en el Château Neercanne de 1789 –en la frontera entre Holanda y Bélgica– para 250 personas donde promocionaron el arte español mediante una exposición de escultura barroca.

Buenas ventas en las demás galerías españolas

Artur Ramon Art ha vendido un Tàpies de la mejor época, que es además una obra cargada de significación histórica. Las galerías López de Aragón y Deborah Elvira han hecho también buenas ventas. Según Elvira, la edición ha sido excelente, con ventas muy repartidas, nuevos clientes y una excelente noticia: el regreso a la feria del pequeño coleccionista después de varios años difíciles. Entre las galerías extranjeras, RobSmeets Gallery ha vendido un Ribera magnífico, el Retrato de Arquímedes a un coleccionista privado norteamericano y G. Sarti el San Mateo y el Ángel (c.1605-10) de Maíno. Entre las mejores ventas del barroco napolitano, retratos de Artemisia Gentileschi y de Massimo Stanzione. Hay que resaltar el atractivo que ha recuperado el arte barroco español e italiano en el mercado internacional y no solo con destino a museos y fundaciones, sino también a coleccionistas particulares, algunos de ellos empresarios o profesionales en plena formación de sus colecciones. Posiblemente, el dramatismo convulso y el naturalismo explícito de la figuración barroca genera un impacto especial entre un público que hasta hace poco desconocía ese arte y que, con recursos disponibles y afán de coleccionismo selectivo, prefiere dejarse de aventuras y adquirir obras de los venerables maestros consagrados. El arte moderno y contemporáneo español ha alcanzado unos precios desorbitados, al igual que los impresionistas: las cifras de Picasso se cuentan por muchas decenas de millones de euros, como se ha visto en las últimas subastas de Londres, y las de los artistas más recientes se han ofrecido en Maastricht (Millares, Tàpies, Barceló) en torno al millón de euros. Ante tales sumas, no es extraño que los compradores vuelvan sus ojos a los old masters, que son inversión sólida, segura y documentada –cuando lo está, como sucede en Maastricht– a precios razonables. Retorna además el sabio gusto por el eclecticismo frente a la moda del coleccionismo monocolor. Lo que era difícil de pronosticar era que el barroco encontrara tantos adeptos fuera de Europa e incluso entre compradores jóvenes.

 

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