LONDON ART WEEK – Día I

Llegada

Salimos muy pronto en la mañana mi amigo Horacio y yo. Enseguida él se da cuenta de mi manía de ser el primero en las pesadísimas colas que comporta el avión. Siempre fue previsor pero desde que he cruzado el medio del camino de mi vida veo como los defectos – tantos – se incrementan a la velocidad de la luz. No puedo soportar los que embarcan primero porqué han pagado más y pasan delante de mí con la soberbia con la que entran los futbolistas a los estadios. No son ni las siete y aún es de noche. En verano se viaja peor que en invierno, hay mucha más gente e irrumpen las manadas de chicos gritones que van de viaje al extranjero y aplauden cuando aterrizan como los Italianos al acabar las bodas. Ya en cabina, las azafatas se esfuerzan por captar nuestra atención con los movimientos parejos a los de la natación sincronizada pero sin agua, claro está, y me parece oír una palabra como un código en caso de catástrofe que fonéticamente se parece mucho a “Brexit, brexit!”. Debe ser que voy condicionado a un país que ha decidido soltar lastre y dejar atrás lo que ellos llaman “the continent”, es la segunda vez que lo visito desde el referéndum y tengo curiosidad por saber cómo lo llevan. Intuyo que mal.

Voy a Londres dos semanas a exponer dibujos antiguos en la prestigiosa galería Colnaghi, fundada en 1760, y que es propiedad de dos amigos: Jorge Coll y Nicolás Cortés que la adquirieron hace un par de años. Formo parte del London Art Week, un evento que acoge diversas galerías venidas de todo el mundo para exponer nuestras mejores obras. Me esperan más de diez días muy intensos que se suman a lo que pasa en Barcelona: después de setenta y cinco años dejamos nuestra sede de Palla 25 y nos mudamos a Bailén 19. Me invade ahora un sentimiento agridulce, me gustaría estar en casa y ayudar en el cambio pero a la vez al estar lejos siento menos el peso de la melancolía.

Horacio y yo nos plantamos en Victoria Station (no secret) antes de las diez de la mañana y decidimos andar hasta la galería. Día nuboso as usual con posibilidad de lluvias, las famosas showers del verano londinense. Pasamos delante de Buckingham Palace pero no saludamos a su Majestad, la anciana que la semana pasada abrió la sesión del nuevo Parlamento con un sombrero azul Klein con estrellas amarillas, un guiño a Europa en tiempos de divorcio. Detrás de sus ojos vi un cierto desasosiego, un malestar con su primera ministra, May, que en June perdió las elecciones que quería que reforzasen su posición. Como llegamos antes que Juan Ruíz, nuestro transportista de cabecera, vamos a desayunar unos huevos benedict con salmón para coger fuerza en un pequeño bistró que conozco de cuando expuse hace cuatro años con Coll&Cortes en Albemarle St. Parece que hayan pasado cuatro décadas o incluso siglos. Nada es lo que era, el tiempo hoy no corre, ni vuela, fluye y se diluye, se escapa. Y cuatro años son mucho cuando cada día es un mundo donde pasan miles de cosas.

Llega, al fin, Juan con su hijo Dani y descargan la caja con los dibujos y unos soportes de hierro para anclarlos a la biblioteca que es el espacio donde exponemos. Se me hace la boca agua pensando que me pasaré doce días encerrado en la biblioteca de Colnaghi, una de las mejores en arte en manos privadas. Miro los lomos y aparecen los nombres de los grandes artistas en una suerte de museo imaginario. Nos cuesta encontrar el método de anclaje pero una vez lo pillamos vamos rápidos como el rayo. Parece que los dibujos floten en el aire y el montaje va adquiriendo una atmosfera mágica, frágil, que funciona bien con las obras sobre papel.

Nunca había trabajado con Horacio codo a codo y parece que llevamos toda la vida de pareja profesional. Vienen Jorge y Nicolás, vaya otra pareja…En diez años se han comido el mercado español de arte antiguo y llevan cinco en Londres y ya son los dueños de Colnaghi, una de las galerías anticuarias de Old Masters tops en el mundo: si no eres un imbecil corroído por la envidia sólo puedes admirar a tipos así…

Solucionamos el primer muro con cierta facilidad a través de un discurso que no falla nunca: el tiempo. Todos son dibujos realizados de 1550 a 1600, manieristas puros. El profeta de Taddeo Zuccaro, los dos guerreros de Claude Déruet, la escena bíblica de Niccolò Circignani, el desnudo masculino del Cavaliere de Arpino… A las 13.30 hacemos un break y quedamos con Paula para instalarnos en su apartamento de Bow St, muy cerca del Covent Garden. Un segundo piso con dos habitaciones que está muy bien y que he alquilado en Airbnb. Me cuesta menos caro que un hotel y tengo tres plazas y una cocina. Dos horas después seguimos con el montaje. Pienso que montar un stand o una exposición es un ejercicio de crítica artística. Como un entrenador, pones los mejores en el equipo titular y dejas en el banquillo a los que piensas, acertado o no, que tienen peor nivel. Es una decisión subjetiva. Lo único bueno es que nadie se enfada. Por esto me gusta trabajar con artistas muertos. En menos de dos horas acabamos. Otro muro lo dedicamos a las academias, con el tridente formado por Mengs, Corvi y Zacarías González Velázquez que es casi tan bueno como la MSN y mucho mejor que la BBC. Hablando de la BBC, me parece que los presentadores hablan un inglés más amanerado que el que hablaban antes del Brexit, como si quisiesen marcar paquete fonético diciendo aquí estamos nosotros, británicos puros y no estos extranjeros que hablan un inglés adulterado y con acentos limados por las hablas exóticas de cada rincón del mundo.

Volviendo a mis dibujos, la última pared viene marcada por el arte español con Carreño, Fernández y March que dialoga con el napolitano Ippolito Borghese. Cierran el conjunto Caracciolo y Bessa. Miro desde el piso de arriba el grupo y estoy contento de la selección y del trabajo hecho. Exponer aquí es un reto, una responsabilidad. La tradición de Colnaghi en esta materia es muy importante y han tenido los mejores dibujos que han vendido a grandes coleccionistas y museos. Hasta hace muy poco se ocupaba Katrin Bellinger, una rigurosa especialista que vi por primera vez siendo yo adolescente y ella muy joven cuando pujó un dibujo de Miguel Ángel en Sotheby’s haciendo un precio record y todos los que estábamos en la sala nos volvimos hacía ella y aplaudimos. Luego supe que el dibujo acabo en la Getty, uno de los mejores puertos posibles.

Sigue lloviendo en Londres. En el edificio de delante del mío veo dos ventanas. En una hay una cocina con dos chicos jóvenes. Uno parece mi hijo mayor pero es imposible. O no. A veces el recuerdo suple a la vista.

Continuará….

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