Luis Marsans

Novembre - Gener 2009

Luis Marsans: la música pintada

Hay pintores a los que vemos a través de la música. O, mejor, la música acompaña la visión, le da sentido. Miro las composiciones de Luis Marsans, y me parece que estoy ante el maestro que insiste sobre los mismos temas, como Glenn Gould reinterpretando a Bach para poder llegar a decir algo nuevo sobre lo antiguo. Así trabajaba Gould y así lo hace Marsans, insistiendo en temas clásicos, cargados de memoria, en variaciones que son temas de un mismo tema, como matrioskas rusas.

Dejemos las imágenes que ilustran más fácilmente lo que explico –me refiero a las partituras salpicadas por la vida amarilla de las mimosas– y centrémonos en los paisajes urbanos abandonados, edificios abiertos como bueyes en canal, que descubren al paseante las paredes donde habitaba gente. Paredes rosas y de cemento, desconchadas y en cuyos bajos hay tiendas con rótulos incomprensibles, como lo son los títulos de los libros en las bibliotecas de Marsans. ¿Por qué lo que Marsans escribe es siempre ilegible? Porque el recurso fácil de elevar la anécdota a categoría no entra en los planes de un pintor que no quiere dar pistas.

A Luis Marsans le interesa condensar, más que el tiempo, la sensación del paso del mismo, es decir, la nostalgia, en sus temas y sus obras, pintadas a la prima en suites –bodegones, partituras, bibliotecas, paisajes y casas abandonadas– que presentamos en esta muestra. En ella se recogen, a manera de homenaje, los años más fértiles de su sólida trayectoria.

A.R.N.