Serra de Rivera. Pintura

Abril - Juny 2010

ANDAR SOBRE EL AGUA

Querido Xavier:

Voy a hablarte de pintor a pintor y a celebrar tu pintura; aunque si alguien más nos leyera, es posible que acertara a vislumbrar algo de esa ciencia de andar sobre el agua que tú y yo conocemos.

En estos cuerpos de mujer, de piadosa quietud, como animales dormidos, donde parece no haber nada, no hay nada más que pintura. Por eso, tú sabes que, sin querer, siembras un inconfesado desconcierto entre los críticos, los aficionados y los espectadores que parecen buscar siempre otra cosa. Aquí no hay prestidigitación ni trucos de ilusionista, ni concesiones a lo circense o a la political correctness, que a unos les obliga a hacer arduas contorsiones eufemísticas para no llamar pintura a lo que no es más que pintura, así, sin adjetivos; otros quisieran obras planteadas desde el exhibicionismo, ruidosas, fuera de escala, pensadas sólo para el espacio público, ajenas al silencio, desdeñosas con el misterio; otros, por fin, quisieran adornos, muchos cachivaches impuestos por la «contemporaneidad»: televisores, móviles, pantallas de ordenador, novedades, modas y decoraciones, y fondos y superposiciones de elementos, y supersticiones de bajo perfil. Pues no, no hay nada de todo eso. Sólo hay pintura; casi te diría que hay pintura y nada más que pintura para el pintor. Y esta manera de hacer es –como todo cuanto es válido– fruto de las renuncias que lleva consigo, por ejemplo, la eliminación de un color o de un rasgo, o de un objeto demasiado significativo y suntuoso, que tal vez puede hacer el cuadro más bello, pero que de golpe sitúa al observador fuera de la acción, en la posición de quien contempla una película. Algún ignorante pensará que esto es fácil. Sí, tan fácil como andar sobre el agua.

Pintas, como Chardin y tantos otros grandes, delante del modelo, sirviéndote de los objetos familiares que te rodean, con las flores y las frutas del tiempo, desde esa perspectiva casi aérea que inquieta y apacigua a un tiempo, donde todo brota de una sombra y a ella vuelve. Innoxia floret, florece sin esfuerzo, que decía el clásico.

Están luego tus notas y apuntes de paisajes menorquines, deudores de Corot, que surgen del frenesí creador, en lucha con la hora exacta de la luz, logrados con pocos trazos, sin un exceso de industria y de paciencia que sin duda le restarían fuerza y frescura, porque sabes dejar las cosas en paz. Parece fácil. Es tan fácil como andar sobre el agua.

Tú sabes muy bien que, cuando se pinta del natural, lo más difícil es mirar al lienzo. El ojo se mueve constantemente entre el modelo y las pinceladas sobre el cuadro: pero estas miradas tienden a llegar cargadas y volver vacías. El mayor heroísmo de tu autodisciplina consiste en esto: tu capacidad para observar tu cuadro en proceso de construcción con la misma intensidad y la misma objetividad con la que estudias tu modelo. Suena muy fácil. Es tan fácil como andar sobre el agua.

Un fuerte abrazo.

Pedro Moreno Meyerhoff
Barcelona, abril de 2010